Este relato es publicado bajo la autoría de Sara Rodado, componente del equipo de la serie. Esta es su visión particular de Kishar y de los personajes de la serie sacada de los ensayos con Manu Franco, conversaciones con sus compañeros actores y/o su propia imaginación. Este relato en particular es influencia directa del trabajo como actor de Jonathan Carrillo, donde se escribe a partir de los recuerdos que este inventó para ayudar a dar vida a su personaje, Saduj. Que disfrutéis.

 

saduj2

Despertó con la mirada turbada. Había voces a su alrededor. Pensaba que eran los amos galla con un nuevo juego de tortura.

Algo se posó sobre su retorcida pierna y gritó. Su piel temía el más mínimo roce y siempre que este se producía solo era para horadar su carne. Las voces metálicas se fueron aunando en una sola voz suave, melodiosa y fina. Saduj dejó de gritar al instante, sus ojos tomaron conciencia parcial con la realidad y dijo algo así como:

-Ahora los amos galla traen a una niña humana- Mordió el aire intentando infundir miedo- ¿No han aprendido que nuestros niños no son como los suyos? Si creen que tendré piedad contigo se quedarán sin ti. ¡¿Me oís?! ¡Si la ordenáis que se acerque demasiado le morderé la yugular a esta pequeña de cabellos rubios!-

Saduj había sido torturado y privado de la luz del día durante años. No le había tocado buenos amos galla. Su mente viajaba sin reparar en que alrededor la luz del patio empañaba no solo su rostro si no el de muchos primigenios que permanecían libres, sin jaulas ni cadenas, y pacíficos.

Alguien dijo –Shada- y ella salió corriendo. Aquel hombre hablaba algo que Saduj no llegaba a comprender. La niña tampoco entendía muy bien pero parecía que le recomendaba no acercarse mucho al malparado, no obstante ella tranquilizó a este hombre, Bécquer, con una sonrisa y de nuevo volvió con las curas.

Días y noches Shada ayudaba a los enfermos y se quedaba dormida en cualquier rincón por agotamiento. Entonces El General recogía su pequeño cuerpo durmiente y lo acostaba en lugares más agradables.

La herida de Saduj fue cogiendo mejor color y parecía gritar menos a la niña de cabellos dorados, pero un día, pasando Ammy y Daena cerca, hizo algo que normalmente hacía,  amago de morder a Shada, solo que esta vez no midió bien y le arañó la mejilla con el colmillo. Ella se llevó la mano a la cara que dejaba ver un muy fino hilo de sangre. Ammy agarró a Shada para quitarla del alcance de Saduj. Daena levantó con una sola mano al cojo. Empezó a gruñirle y al poco unas cinco mujeres más que habían visto la escena le gruñían también. Parecía que se disponían a despedazarlo.

Desde lo alto de una almena y antes de que Farrok le avisara, Bécquer ya había notado que los ánimos se crispaban. Estaba hinchando bien los pulmones de aire para hacerse oír desde lo alto cuando Shada dijo –Ak-(No) Todos se callaron. Daena la dejó paso. La niña en tercerplanista ordenó a Saduj sentarse pero él la enseñó de nuevo los dientes, y volvió a morder el aire cerca de su cara. Fue entonces cuando Shada lo abofeteó una vez. La primera impresión hizo que se quedara mudo, pero cuando volvió a gruñir ella le rodeo con las manos y le abrazó. Saduj fue inundado por el desconcierto y, antes de que pudiera reaccionar, la niña le soltó, agarró la cesta de vendas y continuó su camino. Todos abandonaron el lugar y toda represalia. El General no tuvo que intervenir.

En mitad de una noche, Saduj, pudo notar un bulto acurrucado contra él. No supo en qué momento la niña había decidido dormir allí. Él con el enfado de un niño chico y los morritos apretados se apartó. Era una noche fría, Shada empezó a temblar y hacer ruidos que extrañaron a Saduj pero no sabía de qué se trataba. Por la mañana y parte de la tarde ella dormía. A él le parecieron demasiadas horas de modo que le dio una ligera patada. Shada no se inmutó. Volvió a pegarle, esta vez con menos cuidado, pero ninguna respuesta. Saduj se incorporó y se acercó a su boca y su pecho. La niña no delataba ni el más leve suspiro. Sin advertir en qué momento la cogió nervioso y gritó su nombre, pero al ver que no reaccionaba grito el de Bécquer pidiendo ayuda, y otros cuantos nombres que de algún modo recordaba haber escuchado. Nadie contestaba. Empezó a correr por el castillo con la niña en brazos, conociendo por primera vez una desesperación distinta al miedo por el dolor físico.

En mitad de la noche Saduj abrió los ojos y vio a Shada observándole muy fijamente. Ella le dijo

–Llorabas mientras dormías-.

Él con voz temblorosa contestó -¿Qué es eso?-.

Extendió su manita y recogió unas lágrimas del rostro de Saduj y se las mostró.-Esto es llorar-.

-¿Y qué quiere decir?-

-Que ya no estás loco- y lo abrazó. Saduj lloró durante horas y se dejó abrazar. Se acurrucó con la cachorra como otro cachorro en busca de calor.

 

Cuando amaneció, Shada, corrió en busca de Amara, la única mujer con una sonrisa tan dulce como la suya.

-Necesito algo, Amara-.

Amara había nacido esclava y aunque bien es cierto que casi toda su vida había vivido con un buen amo que la respetaba, a la muerte de este, ella había sido heredada por una hembra galla que la maltrataba. Por crianza ella estaba acostumbrada a servir, aunque ya alguna vez había provocado la ira de los galla al ponerse en medio de un abuso a otro primigenio. ¿Si había tenido el valor para interponerse alguna vez, para impedir que algún salvaje desconocido sufriera, que no haría por Shada?

La cachorra llevaba de la mano a Amara, quien sonreía ampliamente, agradada por notar el tacto de la niña. Entonces, al ver a Saduj, la mujer dejó de sonreír y los gestos de su cara dibujaron miedo. Aun con ese miedo palpitante, muy común al creer mirar a los ojos de la locura, se acercó llevada por Shada.

-Amara, su pierna ya está bien ¿ves como no era una causa perdida?-

-No, no lo era- Amara tragó saliva.

-Pero ahora necesita otra cosa. Un palo fuerte para caminar ¿Tú sabes donde hay uno?-

-Yo…- Una palmadita de la niña la hizo salir de sus ensoñaciones- Un palo… tiene Farrok. Voy a dártelo…- la niña salió corriendo dejándola allí.

-¡No! ¡Ya me lo dará Farrok! ¡tú quédate con Saduj, ahora puede hablar y ha estado ya muy solo!-

La niña se esfumó. Amara sintió que se le helaba la sangre, más aun cuando él abrió la boca.

-Me dabais por perdido es una forma suave de decir que me ibais a dejar morir-. Amara quiso hablar pero solo separó los labios.- No pasa nada. Es normal dejar morir o matar. Aunque mírate, con esa ropa. Nunca has sido salvaje, no creo que comprendas mi idioma-.

-Pronto quizás no. Estoy aprendiendo el idioma de la libertad-

-¿Qué es eso?-

-Significa decidir, no más cadenas, no más muertes-.

-¿No más torturas?-

-Si-.

Saduj se quedó en silencio, miró el cielo en toda su claridad como si fuera la primera vez en mucho tiempo que reparaba en su esplendor y caminó un par de pasos.- Decidir…-

-Ahora no pareces loco-.

-Quizás es porque ahora estoy menos loco-.

 

 

Deja un comentario


Sponsors

  • Wizardcon Madrid
  • Pulse aquí si quiere saber como publicitarse en este sitio.
  • Pulse aquí si quiere saber como publicitarse en este sitio.
  • Pulse aquí si quiere saber como publicitarse en este sitio.