Este relato es publicado bajo la autoría de Sara Rodado, componente del equipo de la serie. Esta es su visión particular de Kishar y de los personajes de la serie sacada de los ensayos con Manu Franco, conversaciones con sus compañeros actores y/o su propia imaginación. Que disfrutéis.

 

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Chernogorsk estaba inquieto sin Bécquer. Dos días llevaba el General fuera junto con Lulaia. Era una época complicada, pues ni Veras, ni Daena habían sido aun encontradas. No había figuras que imponiesen respeto a la vez que confianza en ese instante en el castillo. El General se pensó mucho irse con Lulaia pero al fin y al cabo solo él sabía el funcionamiento de las máquinas y solo ella podría ayudarle a sobrevivir en una zona que se construye y destruye. A parte era la que más rápido aprendía el idioma, aunque aun estaba muy verde pero comprendía algunas palabras sueltas.

Amara intentó hacerse escuchar pero los primigenios ante la ausencia del líder parecían volver a su naturaleza salvaje e independiente, es más, veían a Amara como un delicioso bocadito, tierno e indefenso. Así es como veían a los que habían nacido esclavos. Algunos se acercaron con intenciones furtivas hacia ella cuando Shada se adelantó dejando caer el cubo de las curas. Abofeteó a uno de ellos que se mostró amenazador. En ese momento Ammy, Farrok y Jaroy dieron un paso al frente. Tres figuras imponentes, ya fuera por aspecto, Farrok, como por aptitud, Ammy, o por ambas, el bruto Jaroy, fueron suficiente para aplazar el ansia de los más agresivos.

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Mientras tanto Bécquer y Lulaia permanecían en el linde del bosque, antes del cruce de un camino de tierra. Mantenían una comunicación un tanto primitiva, ella intentaba explicarle con gestos que debía sentir los golpes de aire, los olores, la luz cambiante y otros indicadores para saber cuando podía aparecer un objeto, una pared, un coche… dejó de hacerlo en el momento en que se dio cuenta que él no entendía nada. También habría intentado decirle que era mejor intentar lo que sea que quisiera hacer Bécquer más adelante, cuando ambos comprendieran mejor sus mutuos idiomas, pero sabía que no habría forma de convencerlo incluso aunque la hubiera entendido.

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-Shada, ¿no quieres seguir curando hoy a los heridos?-

-Si Amara, quiero pero me da miedo salir de este escondite-.

-No te preocupes, yo te acompaño para que no te pase nada-.

-No tengo miedo por mí. Tengo miedo por ti. Unos hombres te odian. Les he oído decir que eres la mascota de los gayas y quieren hacerte daño. Las curas pueden aguantar hasta mañana- dijo esto último sonriendo a Amara, quien había empalidecido.

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Lulaia había deseado que esa zona, a la que había llevado a Bécquer, siguiera tan lenta como ella recordaba. Le resultaba fácil moverse por allí porque no todos los días se construía o destruía algo. Las zonas que se construyen y destruyen, las poblaciones, las urbes y ciudades, eran como un videojuego que tiene fallos, solo que en algunas zonas había demasiados bug y lag y en otras no tantos, aun así siempre era peligroso.

Ambos se dieron un par de sustos hasta llegar al edificio que Bécquer había elegido. Ella había señalado otro, un supermercado, pero  el objetivo de el General no era la comida esta vez. Cuando alcanzaron a entrar él empezó a revisar aparatos electrónicos. Era por la noche de modo que pensó que sería más seguro pues por la noche no hay muchos trabajadores, o ninguno. Los objetos no tendrían porque moverse pero vio un ordenador encendido y una silla que parecía estar siendo desplazada. Algún informático echando horas en el primer plano, pensó. Esperó casi una hora, durante la que Lulaia de forma insistente le hacía señas para que se fueran. Ella optó finalmente por una posición de alerta por si había que salir corriendo. Cuando Bécquer vio la puerta del baño abrirse se sentó en el escritorio y empezó a teclear. Buscó ciertas noticias e imágenes pero Internet iba lento allí (al fin y al cabo había unos cuantos planos de distancia).

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Amara escuchó ruido fuera. Sutilmente dejó a la niña durmiendo, colocándole la cabecita que reposaba sobre su vientre. Emergió y no se dejó ver hasta que estuvo lejos del escondite. Desde lo alto de la torre vio un muerto. Parecía que había habido una pequeña revuelta. Afinó la vista y lo que vio la dejó afligida. El primigenio muerto era un nacido esclavo, tenía el cuello quebrado y nadie sabía quién le había asaltado. Amara tuvo la opción de volver al escondite con la niña, y por un momento lo pensó, pero entonces hinchó los pulmones y bajó resuelta. Sentía como las miradas se clavaban en ella, así que en una ocasión, al dejar a un grupo atrás se dio la vuelta y les miro con fijeza, después continuó.

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Lulaia se distrajo un segundo viendo la imágenes de la pantalla. Bécquer supuso que nunca había visto algo así. Se equivocaba, lo había visto, pero nunca antes supo de su utilidad y por eso Lulaia no le había prestado atención hasta ese momento.

La puerta del baño se abrió de nuevo. Bécquer le dio a imprimir pero todo iba demasiado ralentizado. La indicó por señas que se preparase para coger las hojas que salieran de la impresora. Él pensó en mover las sillas y mesas cercanas al baño pensando que quizás en el primer plano el informático presenciara un poltergesit que le paralizaría pero no sabía si el objeto se movería al mismo tiempo en el primer plano o iría con retardo, incluso se le pasó por la cabeza que el objeto que moviera estuviera desvinculado entre planos porque algún habitante del tercer plano lo hubiera tocado alguna vez. Digamos que hasta ese momento había podido comprobar algunas de sus teorías, no todas, y también excepciones de estas, y sabía que había muchos factores que producían variables. Era dejarlo demasiado al azar de modo que hizo algunas cosas raras con los brazos, al menos a ojos de Lulaia, y después se quedó quieto. Ella no sabía que al otro lado, en el primer plano, un fantasma enviado por Bécquer bloqueaba la puerta del baño, dejando encerrado al informático que estuvo a punto de salir.  Parecía que había conseguido tiempo  con eso pero en Kishar el tiempo es relativo, no hay un reloj de arena que te indique lo que te queda para que todo empiece a desmoronarse.

Algo inquietó a Lulaia. Un temblor apenas perceptible, una vibración del ambiente inapreciable, pero no para ella. Bécquer no lo sintió pero si percibió la sensación de alarma que emitía el alma de Lulaia. Emprendieron la carrera. Bécquer se dirigió a un tramo de escaleras. Lulaia le alcanzó y le tiro hacia atrás, al tiempo que él vio como la escalera empezaba a parpadear hasta desaparecer.

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Amara miró fijamente a Farrok y con voz calmada dijo –Farrok sé que puedes conseguir que se pongan en orden, como nos ha enseñado el General y hacer que se callen-. Él la observó brevemente y decidió seguir sus órdenes, encubiertas por un velo de amabilidad, una amabilidad a la que no estaba acostumbrado y que parecía gustarle.

Jaroy y Ammy, sin que nadie les dijese nada, ayudaron a Farrok. Después se situaron tras Amara para darle autoridad.

-Sé que algunos pocos de vosotros no tenéis respeto a los nacidos esclavos. Pensáis que somos débiles. Y quizás somos débiles en unas cosas, pero tenemos fortaleza en otras. Vosotros elegisteis al seguir al General de Fantasmas hacer las cosas como él cree mejor.- Hablaba calmada y dulce pero segura de sí misma-. Creo que debéis volver a elegir si queréis volver a lo de antes. Matar, si, pero también con riesgo de morir. Robar alimentos a otros, si, pero con miedo de que siempre haya alguien más fuerte que te quite los tuyos y mueras de hambre.- Los primigenios empezaron a murmurar pero Ammy les calló con un gruñido-. Desde que estáis aquí él os ha cuidado. Hay quien cura vuestras heridas, quien os da agua, comida y una función. Hay quien como Kasmir, Lulaia, Calej y Somoza salen ahí fuera y vuelven con más comida. Siempre habéis luchado por no ser vosotros quienes morís, pero ahora estáis seguros, al menos mientras no pongáis en peligro lo que hemos conseguido.-

Jaroy dijo algo pero debido a una importante quemadura en la lengua (regalo de algún gaya cuando le capturaron) no resultaba entendible. Los presentes se miraron intentando saber que decía. Con iniciativa y arrojo Ammy le tradujo.

-Dice… ¡Y si no os estáis tranquilos os romperé la cabeza!-.

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Bécquer miró hacia abajo y después a Lulaia quien pensaba que la mejor salida era una ventana. Finalmente la hizo caso y se descolgó. Una ramas y enredaderas habían crecido en la pared hacía tiempo, teorizó que la naturaleza del tercer plano había dominado sobre la estructura de la pared del primer plano, es decir, que al menos esa pared estaba desvinculada y por tanto no había peligro de que se destruyese, desapareciese o cambiase… al menos en teoría.

Bécquer llegó abajo sin dificultades gracias a su forma física y entrenamiento. Esperó un rato abajo cuando uno de sus pies cayó en el vacío. Rápidamente sacó la pierna de ahí, a tiempo pues el suelo parpadeaba, su pierna habría quedado amputada. Supuso que Lulaia le reñiría si se quedaba mucho tiempo parado de modo que corrió hacia el bosque.

Una pared frenó su carrera. Se quedó un rato mareado en el suelo, no supo decir cuánto. Volvió en sí al notar un goteo caliente en la cara. Se palpó y vio sangre. Con calma pensó que se había abierto la cabeza contra aquella pared pero no era él quien sangraba. Poco a poco la vista borrosa y el oído sordo se recuperaron y vio a la exploradora hablándole. Era Lulaia quien tenía una brecha en la cabeza, él nunca supo ante que dificultad se había visto para estar sangrando.

Ella quiso ayudarle a caminar pero él dignamente rechazó el apoyo. Repentinamente, apenas sin tiempo, Lulaia dijo Irun-de, cuyo significado Bécquer sabía (lo primero que se aprende de otro idioma son las palabrotas). Irun-de significaba cosas como deshechos, roto, destruido… pero en este caso la palabra hacía referencia directa a…    -¡mierda!- . Sin tiempo de reacción una serie de vehículos hicieron aparición. Se encontraron en medio de una autopista con mucha afluencia de tráfico. Parecían atrapados. Bécquer se quedó en silencio y cerró los ojos. Lulaia pensó que se había vuelto loco, entonces la abrazó y flash…

Bécquer y Lulaia aparecieron en el linde del bosque del principio. Seguros pero no indemnes. Ambos vomitaron. Bécquer estaba especialmente débil. Ella no entendía nada. De hablar el mismo idioma él la habría explicado que el motivo de que se encontrara con tan mal cuerpo era que había ordenado a los fantasmas sacarlos de allí. En cuestión de segundos estos fantasmas habían hecho algo que ni sabían que podían hacer (no tenían cerebro), teleportar a dos personas, destruir su materia y volver a reconstruirla en otro lugar… sí, eso deja muy mal cuerpo, y Bécquer además había invertido mucha energía en ello. Había sido algo que no volvería a repetir pues era realmente peligroso, la sangre que goteaba de sus fosas nasales y el dolor punzante de cabeza así lo indicaba. Un cuerpo más pequeño o débil no habría soportado el teleporte, ni siquiera había seguridad de que ellos mismos fueran capaz de repetir la experiencia y no morir.

El General estaba decepcionado. No habían podido conseguir los recortes de periódicos que tanto ansiaba. Quería encontrar por medio de esas imágenes a los dobles de las personas que habían muerto a su cargo en el primer plano, si es que su teoría de los idénticos era algo más que una teoría o una obsesión. Quería encontrarlos porque sentiría que así les estaba dando una oportunidad de sobrevivir en la mortal Kishar, pero en el intento puso en peligro a Lulaia. Se dijo que abandonaba la búsqueda de los idénticos. Entonces Lulaia, muy oportuna, empezó a reír, vomitó de nuevo y tras eso vino con algo. Había rescatado un ordenador, teclado, ratón, cables, impresora y otras cosas como una cafetera y un sacapuntas electrónico (a ella le habían parecido aparatos importantes y prefirió coger de más que de menos).

Bécquer la miró e hizo algo que normalmente no hacía, se carcajeó esperanzado , pensando que esa mujer era indestructible. Era un sentimiento mutuo en realidad.

Así regresaron al castillo; enfermos, descalabrados y cargados hasta arriba de aparatos electrónicos que usarían para imprimir las imágenes de los idénticos que más adelante se encargaría de buscar Lulaia.

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