Este relato es publicado bajo la autoría de Sara Rodado, componente del equipo de la serie. Esta es su visión particular de Kishar y de los personajes de la serie sacada de los ensayos con Manu Franco, conversaciones con sus compañeros actores y/o su propia imaginación. Que disfrutéis.

relato 5

 

Calej y Somoza saltaron apresurados la misma rama, pero el peso del primero la aflojó con tan mala suerte que cedió cuando Somoza saltaba, cayendo este y rodando por un hueco entre la vegetación.

Calej no podía parar. Siguió corriendo sintiendo el aliento de la criatura detrás.

Somoza cayó unos diez metros entre raíces, tierra, hojas secas e insectos. Cuando miró hacia arriba vio pasar a la criatura. Supo que ese pequeño accidente le había resultado provechoso para desaparecer del radar de aquella cosa. Intentó levantarse pero se había golpeado por todas partes. Una punzada aguda en el costado le desorientó y tuvo que quedarse tumbado allí mismo.

Calej era muy ágil, estaba sorteando bien los obstáculos pero en el momento en que dejó que el pánico le inundase perdió perspectiva y se volvió torpe. Empezó a gritar -¡¡Ganner!!- y a golpearse con árboles, ramas y rocas por mirar atrás. Pensó que le seguía, aunque no lo veía, pensó que aparecería en cualquier momento y que aunque no fuera visible ahora estaba a tan solo unos metros, o menos. Finalmente chocó de lleno con un gran tronco y rebotó un par de metros. Cayó hacia atrás y se golpeó la espalda y la cabeza contra el suelo. Se quedó un momento sin aliento, sin dejar de mirar atrás, indefenso, con los ojos muy abiertos.

La criatura salvó la distancia que Calej había ganado. Si él no se hubiera chocado, eso, no habría podido alcanzarle.

A un metro de distancia del aterrorizado Calej una flecha atravesó la carne de aquello, que bramó y empezó a revolverse. Kasmir apareció sin apuntar a la criatura con el arco y en tercerplanista decía –Vamos, vete, vete de aquí-. Aquello se alzo sobre sus patas y trató de amedrentar al arquero, pero él se golpeó el pecho y gritó más. La cosa se fue marchando coja por la felcha, marcha atrás, para asegurarse que Kasmir no la cogía desprevenida.

Calej poco a poco fue recobrando el aliento. Dificultosamente dijo –Ganner-.

-No hables y recupérate.-

De nuevo con mucho esfuerzo –Ganner-.

-Eso no es un ganner, es un oso, por eso no lo he matado. Bécquer dice que hay pocos animales y que hay que dejar que se reproduzcan. Los ganner son leyendas tontas. Es normal que te equivoques, es raro ver un oso.-

Calej soltó una lágrima frustrada y aterrorizada –No es un… oso-.

-Si, yo he visto osos, es un…- Calej interrumpió a Kasmir agarrándole fuerte la muñeca y cogió aire de forma dolorosa para poder decir –No es un oso lo que he olido-.

Kasmir que no había dado la espalda al oso en ningún momento vio como algo rápido como un relámpago lo derribaba. El oso empezó a luchar y lamentarse. Por ráfagas se pudo apreciar que algo lo atacaba, algo con tres cabezas, garras como cuchillas y un enorme aguijón.

Era la primera vez que Kasmir veía un ganner, gracias a ello no se quedó paralizado. Cargó con Calej al hombro y se fue de allí, en busca de Somoza.

-No lo veo- susurró Kasmir antes de que Calej, ya en pie, tapase su boca con la mano.

Se deslizaban entre la vegetación agazapados. A Calej le costaba olfatear, el terror paralizaba hasta los mejores sentidos.

-¿Le hueles?- Volvió a susurrar Kasmir.

Calej perdió la esperanza y con ello la cabeza.

-Olí la sangre del oso. No le pondrá un huevo.- Kasmir le agarró por los hombros y trató de hacerle volver pero seguía en las mismas. -Necesita poner un huevo en algo vivo y se ha comido al oso. El oso no…-

-¿Cuántas veces antes que ahora has visto un ganner?-

Calej tardo en contestar –Una-.

-¿Solo una? Observando a un animal solo una vez no sabes cómo se comporta, cada cuanto pone huevos, cada cuanto se aparea, cuanto come…-

-Pero no es un animal-.

Kasmir le dio una bofetada –La carne de un oso es mucha carne hasta para un animal grande como ese ganner. Va a tener el estómago demasiado lleno como para correr.-

Calej no era capaz de ganar perspectiva. Era normal, cualquiera que hubiera visto un ganner, sobretodo siendo joven, quedaba marcado por la imprenta del miedo.

-Escucha. Necesitamos saber donde está Somoza. Yo no huelo tan bien como tú, ni oigo tan bien como Somoza.-

-Pero tú ves-.

-Sí, veo de lejos, veo muy bien, pero no veo a través de las cosas. Necesito tu sentido-.

-Tú también sabes oler-

-No tan bien. A ti te está entrenando Lulaia ¿no?-

-Sí, lo hacía-.

-Sigues vivo, así que aun te entrena.-

-Pero ella es la mejor olfateando, yo no…-.

-Pero ella dijo que estabas preparado. A Ammy no la dejó salir Bécquer porque Lulaia dijo que no estaba preparada ¿verdad?-

Calej asintió con la cabeza e intentó olfatear a Somoza.

-No tengo su rastro. Tengo el olor del ganner metido en la nariz-.

-Lo tienes en la cabeza-.

Finalmente Kasmir optó por observar el terreno por el que habían huido Calej y Somoza con ayuda del primero. De momento no habían vuelto a ver al ganner.

A lo lejos Kasmir pudo ver algo por fin. Primero observó la rama partida y después el árbol. Desde aquel punto en que se encontraban podía ver como las raíces del árbol profundizaban. Estaba seguro que la vegetación ocultaba un gran agujero. La forma de las hojas y restos de la parte superior parecían haber sido quebradas por un cuerpo, y algunas asomaban como si ese mismo cuerpo las hubiera arrastrado. Sin duda no podía ser otro que Somoza.

Cuando Calej y Kasmir decidieron finalmente ir hacía allí vieron al ganner rondando la zona. Parecía más lento y relajado, ni siquiera parpadeaba tanto si no que se le veía la mayor parte del tiempo.

Kasmir vio como el ganner hundía la garra retirando las ramas y restos que ocultaban el socavón. Calej no se lo pensó. Le indicó a Kasmir con un gesto que disparase una flecha. El arquero no lo vio tan claro pero si no hacían algo esa cosa encontraría a Somoza, a saber en qué condiciones (intuyó que estaba muerto o muy mal herido). Mientras la flecha lanzada trazaba el aire a Kasmir le dio tiempo a pensar todo tipo de cosas, pero la que más le inquietaba era la duda de <<¿Cómo matar con una flecha a un animal de tres cabezas?>>

La flecha se clavó de forma tan limpia que penetró en la cabeza del ganner, emergió y siguió su trayectoria para frenarse con un árbol cercano.

La cabeza del ganner murió al instante, colgando del cuerpo mortífero de la criatura. Las otras dos cabezas empezaron a gritar con un aullido realmente molesto. Antes de desaparecer los cuatro ojos restantes dedicaron una mirada de odio en la dirección de Calej y Kasmir.

 

Ambos hombres corrieron en la dirección de Somoza pero el miedo les decía que no era la dirección apropiada. Sus cuerpos palpitantes de terror les gritaban que debían irse de allí. Kasmir, en un principio mantuvo la calma pero la calma le abandonaba según pasaba el tiempo y un ser de apariencia demoniaca estaba tan cerca.

Cerca del oculto lugar donde estaba Somoza acostado, con un par de costillas rotas, Calej pudo olerle. Se lo indicó a Kasmir y al mismo tiempo hundieron las manos entre las ramas, espinas y tierra y cuando notaron el cuerpo del Somoza lo sacaron, de forma ruda, hiriéndose la piel de los tres con la acción, clavándose ramas como navajas, pero no había tiempo, o no quisieron dedicárselo a apartar y cortar la vegetación.

Somoza emergió inconsciente. El dolor de las costillas quebradas no le permitía demasiados momentos de conservar la consciencia.

Tan solo corrieron unos metros cuando algo derribó a los tres. Somoza salió despedido. Kasmir quedó reducido por una pata del ganner que presionaba su pelvis contra el suelo, como si fuera un simple insecto.

Calej no se dio un gran golpe pero el miedo le paralizaba. Observó al ganner alzar el aguijón, aullante, sujetando a su presa sin dificultad, sin miedo de ninguno de los tres, pues ninguno resultaba una amenaza. Kasmir arañaba y horadaba el suelo con las manos ensangrentadas, intentando arrastrase, pero era imposible zafarse ni un centímetro. El aguijón del ganner se detuvo secamente, preparado para abatir y con un movimiento de látigo se clavó en la espalda de Kasmir.

Somoza despertó y vio horrorizado la escena.

Kasmir sabía que a través de ese aguijón el ganner pondría un huevo. Pudo sentir como el aguijón se dilataba dentro de él. Entonces intentó zafarse de nuevo pero solo consiguió que aquello que tenía clavado penetrara más en su carne.

El gruñido de Kasmir hizo volver en si a Calej quien recordó la mochila que llevaba a la espalda. Sin pensarlo sacó todo lo que había y se lo lanzó al ganner. Latas, vendas, fideos chinos… el ganner ni se inmutó. Entonces Calej, imprudente agarró un par de patas de la criatura y tiró hacia atrás. Fue muy rápido. El ganner con otra de las patas le dio una coz y las garras se incrustaron en el pecho de Calej como si fuera gelatina.

Somoza intentaba levantarse pero su estado no se lo permitía sin que perdiera la conciencia así que hizo lo único que podía hacer al principio, gritar para llamar la atención.

El ganner ahora se sentía amarrado. Dos de sus patas estaban inmovilizadas por los brazos de Calej y una tercera permanecía enganchada al pecho del mismo, quien a pesar de estar mal herido no lo soltaba.

El ganner intentó sacar el aguijón, pues sentía que el huevo ya había salido, pero entonces descubrió que no podía. En aquel movimiento que hubo hecho Kasmir, este sintió que el aguijón se clavaba más si intentaba zafarse, fue cuando recordó la flecha que había lanzado, entró y salió limpiamente, de modo que decidió que si no podía sacarse eso por donde había entrado lo sacaría por el otro lado. Ahora Kasmir agarraba con ambas manos el aguijón que lo atravesaba.

Somoza sintió que la situación era muy precaria pero tenían ahora una ligera ventaja. Como pudo se arrastró, empuñó el cuchillo que llevaba aun y con un esfuerzo imposible se alzó y arremetió contra otra de las cabezas. No fue suficiente, el ganner lo esquivó, aunque se llevó un tajo en el hocico. Eso lo puso tan furioso que lejos de perder la batalla sacó más fuerzas, sacando el aguijón con violencia, zafándose y catapultando a Calej, y aullando de forma horrenda y amenazadora.

Cuando el ganner iba a matar a Somoza, Kasmir, dijo- ¡Eh! ¡Eh ganner, mira esto!-

Entre las manos Kasmir tenía una especie de huevo con púas y cuyo interior brillaba levemente. Un huevo con su propio aguijón que además se movía buscando en que clavarse.

Kasmir no había sacado de si el huevo, pues una vez que está dentro eso no puede hacerse sin que el portador muera, pues el huevo te mata por dentro. Lo que había hecho era asegurarse de que tenía el aguijón fuera cuando el ganner diera el último empujón, y este último empujón fue aprovechado por Kasmir, una persona capaz de terminar de atravesarse así mismo si la situación lo requería.

El ganner olfateó el huevo. Una de las cabezas parecía querer comérselo, la otra no, de modo que se pelearon entre ellas. Kasmir dejó el huevo en el suelo y aprovechando la situación, y sin saber muy bien como, los tres salieron de allí, además, sin prisas, supongo que también desorientados o incluso en shock.

El ganner se quedó solo, confuso, intentando volver a meter el huevo a través de su aguijón y los tres se marcharon caminando, recogieron los víveres ocultos y regresaron al castillo.

 

 

Las puertas de Chernogorsk estaban abiertas. Alguien, antes que ellos, había regresado. Farrok dio la alarma al verlos. Los demás compañeros se sentían felices de que todos los que habían marchado, regresaran.

Kasmir observó al entrar unos que daban la bienvenida a Lulaia y otros que corrían a darles la bienvenida a ellos.

Todo fue a cámara lenta. La gente del castillo se frenó en seco al ver el estado de los tres.

Calej vio como Lulaia, que estaba pendiente de lo que parecía un animal atrapado en una red y que había arrastrado hasta allí, se giraba. La cara de satisfacción de ella cambió al ver a sus hermanos. Su instruido, Calej, la sonrió y cayó desplomado, sin vida. Lulaia cerró los ojos, no podía separarse de lo que había traído. Unos cuantos se llevaron de allí al hermano caído.

Bécquer fue el primero en llegar. Cogió a Somoza en brazos justo antes de que este también se desplomara. No murió en el acto, si no días después.

Kasmir se quedó en pie pero se apoyó en los amables brazos de Daena (que ya entonces había sido encontrada) y Ammy. Con las pocas fuerzas que tenía sonrió a Lulaia y le habló mientras caminaba.

-¿Qué animal has cazado, Lulaia?-

-No es un animal, hermano- dijo muy seria ella –Es alguien que me dijo Bécquer que encontrara, pero no se fía de mi. Tuve que cazarla como un animal. Está rabiosa-.

Kasmir se fijo que Lulaia tenía parte del brazo derecho envuelto en una tela ensangrentada.

-Veo que te ha costado-.

-Estuve a punto de renunciar a traerla. No me escuchaba y casi me mata, y yo no podía matarla a ella así que estaba en desventaja. Pero ya te contaré bien cuando te curen, ahora ve a descansar, Kasmir-.

Cuando Lulaia terminó de pronunciar el nombre de él, la mujer que se debatía con la red y que hasta ese momento gruñía y gritaba encolerizada, calló y en su lugar, de forma casi dulce, preguntó -¿Kasmir?-

Todos callaron. Kasmir mantuvo el aliento. Nervioso se descolgó de los brazos de sus hermanas y se acercó a la red.

-No te acerques, Kasmir, es peligrosa-.

-Lulaia ¿tiene nombre la mujer que has cazado?-

-Estás muy herido, mejor ve a que te cure…-

-¿Tiene nombre?-

Lulaia le miró sabiendo que no iba a desistir. Tras un silencio contestó –Se llama Verás-.

Kasmir se arrojó, sin recordar si le sujetaban. Cortó parte de la gruesa red para verle la cara a la mujer, y entonces contempló… era esa Veras, su Veras, su mujer. Aquella que pensó que nunca más vería cuando los gayas le capturaron, aquella por la que sacrifico su libertad con tal de no verla caer presa de aquellos esclavistas invisibles. Veras, su luna, su cielo, su sustento. Ese fue el reencuentro, así por siempre Verás y Kasmir agradecieron a Bécquer y Lulaia que la cazaran de forma tan ruda.

Pero aunque Kasmir recuperó a Verás, Chernogorsk, perdió ese día a dos buenos rastreadores. Calej y Somoza cayeron, pero en su honor, hicieron el mural de los caídos, y por respeto les llamaron <<Los que regresan>> pues aunque no habían sido capaces de matar al ganner, habían luchado contra él y lo habían engañado, habían conseguido regresar a casa, orgullosos de su proeza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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